1. mar., 2022

REMEMBRANZA. UNA TERAPIA PARA RECOBRAR LA VIDA

REMEMBRANZA.

Andrea había llegado a consulta muy desanimada. De su mano colgaba un pequeño peluche, mientras la otra sudada, apretaba muy fuerte la gran mano de papá. Miró a su alrededor y se sentó en la silla mientras el eco de la voz del terapeuta y su papá sonaban de lejos, como un susurro lejano, un susurro mas allá de la pena, donde existía una vida muy lejos de ser como antes.

Su mamá no había resistido el COVID, hacía ya un año que desapareció, ¡de manera muy injusta! de manera enormemente injusta. Ella estaba bien y de repente un resfriado que fue empeorando poco a poco y fue consumiendo a aquella mujer que lo era todo para ella. El sonido de la ambulancia alejándose se hizo tan presente en ella que incluso en el silencio de la noche, seguía escuchando aquel sonido que alejaba a su mamá de la vida.

-       Ummm dijo el terapeuta, yo no estoy tan seguro.

-      Hemos venido a ver si usted nos puede ayudar a superar el trauma, ya ha pasado un año y Andrea no reacciona, está demasiado traumatizada y obsesionada con su mamá. Todos la echamos de menos dijo, pero hay que dejarla ir, creo que es lo mas sano. Ella ya no va a volver.

-       ¿Cómo ha dicho usted? Contesto el papá.

-       Que creo que es relativo.

Andrea reaccionó inmediatamente. Dos enormes ojos alumbraron la estancia con su energía, como un estallido los colores regresaron a sus mofletes y por un instante se sintió con mucha vida. Luego resopló y sus hombros volvieron a caer.

-       Mamá murió, y los muertos no resucitan. Lo hemos aprendido en el colegio.

-       Bueno, cierto es, pero creo que no del todo. Dime, como se llamaba ella.

-       Andrea como yo, dijo la niña.

-       ¿Y donde crees que está ahora?

-       Pues dicen que en el cielo.

-       Mmmm, bueno si, es una posibilidad, si tú crees en ello. Yo creo que nuestros seres queridos están aquí, dijo el terapeuta señalando hacia dentro de su cabeza.

Jorge, el papá, empezaba a sospechar. “Creo que este terapeuta no esta muy bien de la cabeza” se dijo a si mismo. Tímidamente se atrevió a decirle.

-       No cree usted que es un poco peligroso dar esperanzas a la niña.

-     Yo no se las he dado, replicó aquel terapeuta. Yo solo he dicho que quizá, podamos buscar a nuestros antepasados en nosotros mismos.

Andrea se sintió intrigada, empezaba a estar inquita e impaciente en que aquel señor siguiera su historia. No podía imaginar qué podría decirle. Pero bueno, en cierto modo aquello era menos aburrido que el psiquiatra que había visitado anteriormente. Ese si que era un poco aburrido.

Antonio, que así se llamaba el terapeuta, miró a la niña y la invitó a ponerse cómoda. Acercó una vasija de caramelos e invitó a que Andrea cogiera los que quisiera. Acto seguido le dijo.

-       Bueno Andrea cuéntame, ¿Cómo era tu madre? ¿Cuéntame por qué estabas tan unida a ella?

Andrea, que al principio lloró un poco, empezó a contarle con todo detalle cómo de maravillosa era su mamá, cómo jugaba y contaban historias juntas, iban al colegio, y todo lo que hacía con ella. A esa pregunta fueron sucediéndose otras ¿Qué crees que veía tu mama en ti? ¿Cómo crees que ella te ha ayudado a ser la niña tan estupenda que eres? ¿Cómo crees que ella ha podido contribuir a que vayas tan bien en el colegio?...

Andrea hablaba y hablaba, sesión tras sesión. Se intercalaba con pequeñas historias, anécdotas, vivencias… El papá llegó a incorporarse en la conversación, y de esta forma, las terapias empezaron a convertirse en una serie de sucesos y anécdotas donde Andrea, la mamá, empezaba a ser el personaje principal, empezó a recobrar protagonismo en sus vidas, comenzó a estar presente en cada momento y en cada pensamiento. Fueron pasando los días y, por fin, llegamos a final de la sesión:

-       Mi mamá estaría muy orgullosa de mí, seguro me diría –mientras tanto, lágrimas de añoranza, amor y nostalgia corrían por sus mejillas- me diría que siguiese tan fuerte, tan poderosa como soy, para que ella siga sintiéndose orgullosa de mí.

-       Dime Andrea. ¿Cómo crees que influiste tu en la vida de tu mamá? ¿Cómo crees que la animaste e inspirarte como persona?... ¿Qué crees que te diría tu mama si estuviese aquí ahora?

Finalmente, Andrea pudo reflexionar sobre su mamá, sus historias y su remembranza. Pudo concluir algo muy importante. No había hecho falta olvidarla, echarla de su vida, despedirse. Ahora mamá iba en su pecho, volvía a hablar con ella, la recordaba y le comentaba cosas con todo el amor que siempre habían sentido mutuamente, y, no se olvidaba de lo importante que era ella para la vida de su mamá y cómo su mama era y será para siempre, tan importante en la vida de su papá.

-       Creo que le debo una disculpa- dijo el papá a Antonio- en un momento dudé, dudé de la gran maravilla que estaba a punto de suceder. Mi corazón ahora vuelve a estar lleno.

-       No es deshonroso ni insultante dudar, estamos acostumbrados a vivir en un contexto donde existen verdades normalizadas, etiquetas y formas de ser que están influenciadas por la sociedad en que vivimos. Pero aparte de estas, hay otras formas de escribir las historias, una nueva historia que acaban de escribir que retoma la relación entre ustedes tres.

Andrea se agarró a su peluche, lo volvió a llamar por su nombre, lo miro y después, mirando a su papá le dijo.

-       Papá, tenemos que poner guapo a Pepón e ir al cementerio a ponerle a mamá unas lindas flores como más le gustaban.

Salió corriendo con la energía de una niña de su edad, salía al encuentro de su futuro y de su pasado, salió con una nueva historia, cambio la tristeza por amor y el trauma por nostalgia y presencia.

***

Como dice Lorraine Hedke en su artículo “bailando con la muerte”, no debemos de enfrentarnos al trauma de la muerte y al duelo como una negación de la vida.

Debemos afirmar que la vida y la relación con la persona sigue y no se entierra definitivamente con la muerte.

Apreciar cómo la emergencia de la muerte da oportunidad para relatar y vivir anécdotas llenas de amor, esperando que perduraran por mucho tiempo después.

Debemos generar preguntas para generar afirmaciones y recuerdos ingeniosos de estos momentos, para que en el futuro sean útiles cuando se recuerden y se reflexionen.

Debemos usar preguntas para estimular el pensamiento creativo dentro de las restricciones de realidades que en otro contexto serían fijas, como el tiempo y la proximidad. Debemos usar estas preguntas para saltarnos el tiempo, la distancia y la proximidad.

Debemos buscar juntos con las personas, los recursos que pueden sacar de si mismos para manejar los retos de transición que la muerte trae consigo.

Podemos utilizar el poder y la flexibilidad de una historia para burlar a la mortalidad física, es un proceso mágico.

Tenemos que promover la remembranza de las vidas y las relaciones, sacar a flote el recuerdo familiar y ancestral.

No tenemos que dejar ir a nadie, existen otras respuestas para trabajar con el trauma. Debemos fortalecer las historias y ayudar a nuestros seres queridos a ser eternos.

Lejos de ser un camino sin retorno, la muerte y el duelo pueden ser un proceso de tránsito, donde las personas pasamos de un estado físico a un estado mental, viviendo para siempre en el corazón de nuestros seres queridos.

JAVIER HERRAIZ SORIANO.

TERAPIAS NARRATIVAS Y TRABAJO COMUNITARIO.

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